En las grandes ciudades, el tiempo vuela, las personas no tienen nombre ni casi tampoco rostro. Las historias individuales no tienen cabida, no existen las radiografías de sus vidas.No hay más lucha que la que hace uno mismo por sobrevivir, salvo en contadas ocasiones, en las que se juntan fotogramas parecidos. Dos imágenes en menos de veinticuatro horas me han despertado de mi letargo. La primera era la de muchos ciudadanos con distintas profesiones, castigados por los recortes, que clamaban al unísono justicia. También, jubilados, desempleados, trabajadores precarios o empresarios de todas las generaciones alzando la voz, levantando las manos. Me llamó especialmente la atención una pancarta que decía que la desigualdad produce infelicidad. Desigualdad de recursos u oportunidades que producen ésto, por ejemplo, a un enfermo de sida con la mirada perdida que, con una pancarta que sustituye a una voz cansada de tanta súplica y a un perro inquieto por más compañía, trata de sobrevivir desganadamente en una céntrica plaza madrileña.
viernes, 20 de julio de 2012
domingo, 20 de mayo de 2012
UNA VELA APAGADA
El camino era largo y apenas acertaba a describir los lugares que iba vislumbrando con el paso de las horas. El sueño resistía a aparecerse. En cambio, una ligera anestesia de cansancio, fruto de numerosas horas entregada a una tarea mecánica, comenzaba a inundarla. No estuvo mucho tiempo en ese estado de enajenación, pues el autobús llegó a la estación subterránea y paró en seco. Su presencia allí, la trasladó a años atrás, en los que desafiaba a las impertinencias nocturnas para emprender viajes diarios y furtivos que finalizaban en el aula de los sueños. Se alejó de aquella recepción de nómadas para recorrer calles, que fueron escenario de su infancia y adolescencia y que, en ese momento, estaban desérticas. La tarde se despidió y la lluvia la relevó en el puesto. Entraron en escena paraguas de todas las formas y colores. La lluvia tiene el poder de despertar hasta el más dormido de los sentimientos y, así, invocar tanto a la melancolía como a una locura frenética, poseída en los que comprenden en qué consiste el juego de la vida. Las gotas resonaban en el interior del coche sin impedir divisar el puerto con sus barcos que habían dejado de faenar hacía algunas horas. Su inconfundible gabardina roja cruzó como rayo el restaurante, situado al lado del palacio de la cultura, que siempre destacaba en las postales que compraba la gente en los quioscos del Paseo Pereda o en el discreto puesto al lado de la Magdalena que, además de estampas, vendía artilugios y molinos de viento. Las comensales intercambiaban miradas y sonrisas nerviosas durante su encuentro. La velada acabó con una tarta de chocolate, que engulló hasta el último bocado y una vela que sopló, despidiendo su primer cuarto de siglo e implorando cientos de momentos como el vivido. El rincón quedó a oscuras y abandonó el lugar tan rápido como había entrado, a la vez que regalaba una de sus mejores sonrisas a las cómplices de la noche.
jueves, 10 de mayo de 2012
FORMA PARTE DEL BAILE
Siento el infierno en el asfalto que piso, sin embargo, sus males no logran embriagarme. El calor recorre mi cuerpo como mecha de cerilla pero, curiosamente, se apaga cuando el fuego llega a mis pies. Mis pasos son lentos pero certeros, pues mis pies están alineados y aunque uno de ellos quiera desmarcarse durante un rato vuelve con el tiempo a la par del otro. Los zapatos marcan huellas en las aceras de la gran manzana, que apenas son apreciadas por los viandantes cercanos. Me gusta andar de puntillas como solía hacerlo de pequeña, tal y como hacen las bailarinas, quienes levantan los brazos al máximo con el fin de coger a puñados las estrellas del firmamento. No siempre las recogen e, incluso, a veces, éstas caen a la faz de la tierra cuando los brazos tocan el suelo. Forma parte del baile. No tendría sentido de otra forma.
jueves, 19 de abril de 2012
SENTIDO DE LA EQUIDAD
Hay días en los que una amanece guerrera y quiere comerse el mundo en bocados gigantes. Abre las puertas de su casa y sale como cohete disparada hacía la calle. Las ganas de conseguir un mundo justo van impregnadas en su ropa. Ya en el exterior, a tan solo unos pasos, da cuenta de personas que la miran fijamente a sus ojos, tal y como hacen las personas valientes y que no tienen nada que perder, suplicando empatía. La injusticia de un mundo, en el que la brecha entre ricos y pobres cada día es más grande, les ha llevado a buscar en la calle aliados y a valerse de destrezas con las que sumar un día más a sus vidas. Entonces, llega a su oficina, y se conecta a un mapamundi de informaciones de diversa índole, a la vez que intenta mostrar una actitud asertiva con la que alejarse de la agresividad, que genera el saber que el mundo está del revés. No hace falta desplazarse a otro país o continente para darse cuenta de que las cosas no funcionan correctamente. Basta con echar un vistazo a su alrededor para ver sillas vacías que, una vez, fueron ocupadas por personas comprometidas. No obstante, y a pesar de que no "corran buenos tiempos para los soñadores", siente más que nunca que la conciencia y el sentido de la justicia son las mejoras armas con la que recorrer un camino plagado de obstáculos. Sabe que esta filosofía de vida no es la más fácil, sin embargo, cree que es la más auténtica y, eso, es lo importante.
domingo, 15 de abril de 2012
NO HAY DOS DOMINGOS IGUALES
El encanto del domingo radica en que sus primeras horas suelen robarse para acudir a guaridas que mantienen sus persianas bajadas entre semana o para intercambiar palabras e incluso confidencias con desconocidos, que aparecen y desaparecen en un pestañeo innato. Los noctámbulos suelen tener sus venas empapadas de un elixir que, en ocasiones, necesitan para dotarse de audacia y osadía, y para resistir hasta las primeras luces del alba, justo en el momento en el que el telón cae y la magia desaparece. El encanto del domingo radica en que amanece tarde y es opuesto a lo estipulado. Sus mañanas pueden ser aprovechadas para deambular por calles desérticas y desgastar las suelas de los zapatos; para adquirir baratijas en mercadillos abarrotados o para saludar a la vida con una cerveza en la mano. Muchos domingos son recordados porque, vestidos con pijama, zapatean por la casa con una resaca de bandera. El encanto del domingo radica en que guarda tiempo para disfrutar de una encantadora lectura o de una película apasionante bajo el amparo de una luz regada por una diminuta lampara. También, en que permiten, a final del día, una reflexión brillante con la que dilucidar las inquietudes que aparecen, de repente, en días ordinarios.
miércoles, 11 de abril de 2012
SACUDIR EL MUNDO
En cierta conferencia escuché, en boca de un ponente, una cita que decía algo así como que el Gobierno deprimía a sus ciudadanos para tratar de controlarlos. Pues bien, los medios de comunicación recogen, estos días, noticias relacionadas con reformas laborales que echan tierra a los trabajadores o tijeretazos agresivos que estrangulan al Estado de Bienestar, retrocediendo décadas, instaurando injusticias y borrando la lucha de nuestros antepasados. Estos 'ajustes' dejan al ciudadano desamparado, desolado y poblado de miedo. ¿Miedo de qué? Quizás, de experimentar los efectos de un sistema que se desgarra y que deja a empresarios y políticos con la sartén por el mango. Sus temores alcanzan límites insospechados: no quieren hacer resonar su indignación por las calles por miedo a las represalias o alegan que su esfuerzo caerá en saco roto y que no servirá para cambiar el mundo. Su mudez es exprimida por Gobiernos y empresas, ahogándoles en vidas miserables y privadas de libertad. Rescatemos en estos tiempos valores preciados como la dignidad y solidaridad o pensemos, aunque sea, en aquel dicho de "hoy por ti, mañana por mí".
lunes, 26 de marzo de 2012
LIBERTAD EN LA CÁRCEL
Existen cárceles más allá de los barrotes oxidados, que coartan la respiración del preso más longevo de todos los tiempos. En ellas, el guardián roba sigilosamente el escaso equipaje de un recluso que apenas data de que le están hurtando. El sujeto da cuenta de su vitalidad mermada pero no sospecha de los funcionarios penitenciarios ni de sus compañeros de celda. Su dinamismo se apaga como el soplo de una llamarada, que resiste a desaparecer al primer intento, lo que impide que descubra que la cerradura de su habitáculo está rota con su consiguiente escapatoria. Prisionero de prisioneros, cegado de ojos y pensamiento, olvidado por el corazón, intenta imaginar, pues lo ha olvidado ya, lo que significa en toda su esencia la palabra libertad. Sus recuerdos están difuminados, como pintura negra de cera, por su mente. Tiene una idea vaga, apenas a cierta a recordar, que un día conquistó y entendió como nadie que las verjas físicas y mentales son construidas de arriba a bajo por el hombre desde tiempos ancestrales. La destrucción de estas rejas es la consecución de un fin para el que hace falta solamente reflexionar. La visión plena de la salida ahondará en que la huida no es siempre la solución, sino estar dentro de la prisión sin cadena alguna.
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