En cierta conferencia escuché, en boca de un ponente, una cita que decía algo así como que el Gobierno deprimía a sus ciudadanos para tratar de controlarlos. Pues bien, los medios de comunicación recogen, estos días, noticias relacionadas con reformas laborales que echan tierra a los trabajadores o tijeretazos agresivos que estrangulan al Estado de Bienestar, retrocediendo décadas, instaurando injusticias y borrando la lucha de nuestros antepasados. Estos 'ajustes' dejan al ciudadano desamparado, desolado y poblado de miedo. ¿Miedo de qué? Quizás, de experimentar los efectos de un sistema que se desgarra y que deja a empresarios y políticos con la sartén por el mango. Sus temores alcanzan límites insospechados: no quieren hacer resonar su indignación por las calles por miedo a las represalias o alegan que su esfuerzo caerá en saco roto y que no servirá para cambiar el mundo. Su mudez es exprimida por Gobiernos y empresas, ahogándoles en vidas miserables y privadas de libertad. Rescatemos en estos tiempos valores preciados como la dignidad y solidaridad o pensemos, aunque sea, en aquel dicho de "hoy por ti, mañana por mí".