lunes, 7 de abril de 2014

20 AÑOS DESPUÉS (Recordando un verano de tesina)

Hace 20 años, el mundo dio la espalda a una de las mayores masacres de la historia reciente en la que fallecieron cerca de 800.000 personas, y que se recuerda especialmente todos los años en el Día Internacional de Reflexión sobre el Genocidio cometido en Ruanda, que tiene lugar el 7 de abril. La sucesión de errores cometidos fruto de la inacción internacional y que alimentaron la catástrofe no parecen haber sido aprendidos, tal y como se observa en estos momentos con la posición internacional ante el conflicto que envuelve a Siria. 

Ruanda es un país situado en la región de los Grandes Lagos, en el África Central.  Su historia reciente comienza con la Conferencia de Berlín (1885) en la que, tras dividir al continente africano y repartirlo entre los colonizadores europeos, quedó bajo el amparo de Alemania.

Después de la Primera Guerra Mundial, la Sociedad de Naciones acordó que estas colonias debían de ser tuteladas por naciones avanzadas. En el caso de Ruanda-Burundi, fue Bélgica la que prometió ocuparse de su administración, desarrollo, libre expresión y  libertad religiosa.

Desde antaño, los hutus tenían la creencia de que la etnia tutsi había invadido el país y les había sometido a su voluntad. Los administradores belgas ayudaron a reforzar este pensamiento, al hacer discriminaciones entre unos y otros, como designar a los hutus los trabajos más duros. Además, crearon un sistema de tarjetas de identificación de etnias en el que calificaban a tutsis y hutus, que fue utilizado, durante los tres meses en los que tuvo lugar las matanzas, por la milicia interahamwe para identificar a los tutsi y exterminarlos.

Por otro lado, antes de que comenzara la masacre, el Programa de Ajuste Estructural (PAE)  del Fondo  Monetario Internacional y del Banco Mundial otorgaron préstamos al Gobierno de Ruanda, que fueron destinados, a la compra de armas a países como Francia y Egipto.  En este sentido, Egipto firmó hasta ocho acuerdos armamentísticos con Ruanda desde 1990 hasta que comenzó el genocidio en 1994.

En paralelo, el Gobierno de Ruanda y el Frente Patriótico Ruandés estuvieron enfrentados en una guerra civil, que comenzó en 1990  y que finalizó  con el Acuerdo de Arusha, firmado en Tanzania en agosto de 1993.

POCOS MEDIOS

Por su parte, UNAMIR, la misión de Asistencia de Naciones Unidas para Ruanda, nació con el objetivo de garantizar que se cumpliera el Acuerdo de Paz de Arusha y cesaran las hostilidades entre el Frente Patriótico Ruandés y el Gobierno. Sin embargo, esta misión no recibió la misma atención que otras que estaba establecidas en regiones como Somalia y la Antigua Yugoslavia.  Su equipamiento era insuficiente y obsoleto y su personal no estaba lo suficientemente preparado para abordar los retos a los que se enfrentaba.

El 6 de abril de 1994, el  avión en el que viajaba el presidente ruandés Juvénal Habyarimana fue alcanzado por dos misiles tierra-aire cuando se aproximaba al aeropuerto de Kigali. La aeronave estalló y los pasajeros murieron en el siniestro. En la localidad de Kacyiru, al norte de Kigali, los residentes explicaban que, nada más conocerse la noticia, llegaron al lugar los interahamwe y comenzaron a matar a la vista de todos.

La situación poco a poco iba deteriorándose y los recursos con los que contaba la misión se agotaban. Algunos comandantes alertaron, hasta en siete ocasiones, de que la misión debía de ser reforzada si querían evitar una masacre, pero sus superiores hacían ‘oídos sordos’ a estas demandas. Por su parte, el secretario general de Naciones Unidas, Butros Ghali, se negaba a reforzar la misión o readaptar el mandato e incluso planteó la retirada de todos los efectivos de UNAMIR, al mismo tiempo que se aumentaban los efectivos de UNPROFOR, la fuerza de mantenimiento de paz en Croacia y Bosnia-Herzegovina.

En mayo, la situación estaba tan deteriorada en Ruanda que Francia planteó a Naciones Unidas el envío de 5.500 cascos azules. Finalmente, el Consejo de Seguridad aprobó la intervención francesa el 23 de junio mediante la resolución 929, que autorizaba un mandato conforme al Capitulo VII, es decir, permitía utilizar todos los medios necesarios, incluido el uso de la fuerza. Los franceses debían garantizar la seguridad de las zonas humanitarias y proteger a los desplazados, y a los trabajadores que prestaban ayuda. Esta misión, que, iba ser coordinada por el propio secretario general, tenía una duración  de 60 días.

La guerra civil que había mantenido el Gobierno y el Frente Patriótico Ruandés vio su fin el 18 de julio de 1994. Al día siguiente, se proclamó un nuevo Gobierno de unidad nacional, que incluía representantes de todos los partidos políticos. Sin embargo, la mayoría de ellos, 12 de los 18 ministros, seguían siendo hutus. Este Gobierno sería presidido por Pasteur Bizimungu y contaría con Paul Kagame como vicepresidente, que se convertiría en presidente en marzo de 2000 para seguir gobernando hasta la actualidad.

Naciones Unidas realizó con posterioridad un informe en el que determinaba que el secretario general podía haber hecho más de lo que hizo, puesto que contaba con las facultades necesarias para haber llamado más la atención de la comunidad internacional sobre lo qué estaba ocurriendo en Ruanda.

Asimismo,  Ghali reconoció que había fracasado a la hora de abordar la crisis que sufría Ruanda. Admitió que se había cometido un genocidio, una palabra que evitaron nombrar durante todo el tiempo a pesar de que, tal y como establece la Convención para la Prevención y Sanción del Genocidio en Ruanda, había “la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso”.

El Consejo de Seguridad creó, después, el Tribunal Penal Internacional Para Ruanda  en el que se juzgarían aquellos delitos cometidos entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 1994.

MICROCRÉDITOS

Después del genocidio, la comunidad internacional tomó parte en la reconstrucción del país, a través de la concesión de microcréditos. Estos créditos consistían en entregar una parte en especie, ya fuera animales y productos agrícolas, y otra en efectivo, con un tipo de interés cero.

Estos préstamos, que sirvieron para poner en marcha cultivos de arroz y maíz, ayudaron a mejorar su solvencia económica, a aumentar su tasa de alfabetización, y a fortalecer su tejido social. Personalmente, los ruandeses percibieron además que había aumentado su autoestima y su confianza, según revela un estudio  piloto de evaluación de impacto del programa de microcréditos de Cruz Roja Española en Ruanda.

Por último, la puesta en marcha de ‘Studio Ijambo’ en la región de los Grandes Lagos gracias a la ONG’ Search for Common Ground,’ también contribuyó a la reconstrucción de la sociedad ruandesa. Periodistas hutus y tutsis realizan programas que son difundidos en radios de la zona y en Internet y que persiguen la comprensión, el diálogo y la reconciliación entre sus habitantes.

sábado, 28 de diciembre de 2013

BALANCE LIBROS 2013


- Las venas abiertas de América Latina, Eduardo Galeano (8,5)

- Libertad, Jonathan Franzen (8)

- Ensayo sobre la ceguera, José Saramago (9,5)

- Un año en el otro mundo, Julio Camba (7,5)

- La vida a veces, Carlos del Amor (6,5)

- Asesinato en el Orient Express, Agatha Christie (7,5)

- Diez negritos, Agatha Christie (7,5)

- Tokio Blues, Haruki Murakami (7,5)

- Irlanda, Espido Freire (7)

- Come, reza,ama, Elizabeth Gilbert (7)

- La vuelta al mundo en ochenta días, Julio Verne (8,5)

- Platero y yo, Juan Ramón Jiménez (8,5)

- Tu corazón no está bien de la cabeza, Lucía Etxebarria (7)

- Siria, más allá de Bab al Salam (8)

- El tiempo entre costuras, María Dueñas (7,5)

- Virginia o el interior del mundo, Álvaro Pombo (8)

- En trámite: La sombra del ciprés es alargada, Miguel Delibes


                                                                 ¡Felices lecturas para 2014!

domingo, 22 de septiembre de 2013

HASTA NUEVA ORDEN

Últimamente aparco libros con demasiada facilidad. Creo que se ha impregnado en mi el modo de vivir tan rápido de Madrid, que lo extrapolo a las obras. Si al pasar varias páginas no me ha atrapado su lectura y lo único que hago es tragar letras sin digerirlas, lo siento en el banquillo hasta nueva orden. No hago lo mismo, en cambio, con aquellos cuya prosa fluye en mi al igual que lo hace la sangre por las venas. La lectura y escritura es, para mi, una de las mejores terapias que permiten escapar durante varios instantes de las dificultades que conlleva la existencia. En esos momentos, cuando hierven las obsesiones y los delirios, cuando las emociones afloran y hacen brotar en mi reacciones desconocidas, un buen libro me traslada lejos del habitáculo en el que me hallo y me mete en la piel de personajes variopintos con los que viajo de norte a sur y de este a oeste. Y, en noches de insomnio, que afortunadamente son las menos, me ayudan a conciliar el sueño más rápidamente si cabe. La lectura tiene así el poder de evasión y, por ende, de relajación. Algo que, en el momento actual, es un estadio que se cotiza a la alza.

jueves, 30 de mayo de 2013

BEBÉS LIBRES DE VIH

Mis prismáticos me permiten divisar a lo lejos una ciudad llena de colores otoñales, donde el amarillo del día se mezcla con el naranja para despedir a la tarde;  donde el color de las mandarinas se torna en oscuridad para bendecir a la noche, quien cede su reinado a un amanecer retardado, cuyo sol asciende entre montañas pausadamente, sin prisa alguna. Me encuentro en una  localidad cualquiera del país africano de Zimbabwe, en  Kariba, por ejemplo. Situada en el norte del territorio, emana luz y esperanza a sus habitantes, quienes siguen el curso de los días entre rituales de cotidianidad y danzas ancestrales.

Sus jornadas comienzan cuando el sol apenas se deja ver entre el cielo azulado, una tonalidad semejante a la del río que acompaña sus trayectos. En ese recorrido diario, está Mariam, una zimbabwense nacida hace 26 años cerca de la zona. Su metro 75 de altura y sus grandes ojos negros no llaman la atención del viandante, quien se encuentra absorto en sus quehaceres cotidianos. La joven se dirige al mercado con el fin de abastecer a su marido, padre, hermanas y tíos, quienes conviven con armonía en una humilde casa a unos tres  kilómetros del centro de la localidad. Cuando llega a la plaza sortea a las que como ella observan, palpan y sustraen las piezas frutales de sus cajas de madera con el fin de llevarse en su vuelta los mejores trofeos del lugar.

En su tarea, Mariam se encuentra con una amiga de la infancia, Cherima, de unos 24 años. Su vieja compañera lleva en su espalda a su retoño Isheanupa, quien vio la luz hace seis meses con la sombra del virus de inmunodeficiencia humana (VIH),  tras resultar infectado por transmisión vertical durante el embarazo de su madre.

Pese a que esta enfermedad es una auténtica pandemia en el África Subshariana y que el 85 por ciento de las embarazas infectadas con VIH son de esta zona del mundo, ONUSIDA estima que menos del seis por ciento de estas mujeres tuvieron acceso a servicios de diagnóstico y prevención de VIH en 2006, y que solo el nueve por ciento de las infectadas recibió un tratamiento antirretroviral para la prevención de la transmisión vertical.

Isheanupa está adormilado mientras su madre describe los detalles que conoce sobre la enfermedad que ella y su hijo portan a Mariam, cuyo semblante va cambiando a medida que absorbe la historia de su amiga.  Tras la despedida, retrocede al camino para emprender su regreso, al tiempo que se pregunta si ella también estará infectada y si podría transmitir la enfermedad a su futuro hijo durante el embarazo. Cuando llega a casa, su marido nota que algo no va bien, pero Mariam trata de ocultar su inquietud y seguir con sus tareas domésticas.

Al cabo de varias semanas, con sus consiguientes días y noches, plagadas de pesadillas y temores, unos médicos se acercan a la aldea con el fin de realizar a todas las mujeres embarazadas la prueba del VIH. Mariam conoce de su existencia y acude a los puestos en los que va a ser o no diagnosticada de la enfermedad.  Tras la realización de la prueba y conocer el veredicto, la zimbabwense no puede reprimir las lágrimas: está sentenciada y tiene miedo de que su futuro retoño también resulte salpicado por la infección.

Los facultativos tratan de apagar sus sollozos, explicándola que el tratamiento para la Prevención de la Transmisión de Madre a Hijo (PYMH, por sus siglas en inglés)  consigue que más del 95 por ciento de los bebés de mujeres con VIH/Sida no se contagien durante el embarazo, parto o la lactancia. Mariam asiente con la cabeza y accede a recibir los tratamientos antirretrovirales.

Muchos amaneceres y anocheceres después, nace un 22 de mayo en la misma localidad en la que vio la luz su madre, un bebé hermoso y sano llamado Tinotenda, cuyo significado en castellano sería el de ‘Gracias’. Su llanto de vida hace olvidar los miedos pasados de Mariam. Los miembros de su familia le dan la bienvenida ataviados con trajes guardados para la ocasión, al tiempo que preparan los mejores manjares. Tras la cena, beben, cantan y bailan al compás del movimiento rotatorio del sol para espantar a los fantasmas que provoca una de las enfermedades más temidas en el continente negro.

miércoles, 24 de abril de 2013

RECOVECOS

Me he dado cuenta de que me fascinan las casas antiguas y los pasillos largos. También de que me enrabia que la madera de los armarios y el suelo cruja, y que las puertas viejas no cierren del todo bien. Me sorprende que la gente diferente se entienda, y que la compatible se distancie. Me encanta dormir del tirón, ser anfitriona, soñar despierta. 

Creo en las casualidades y el destino. Prefiero que la vida sea apasionada y sorprendente, y que los días se diferencien entre sí: qué llueva un día sin parar y me entristezca, y qué a la mañana siguiente salga el sol con fuerza y vuelva a sonreír. Adoro la complicidad, naturalidad, las sonrisas espontáneas y los detalles sin contraprestación.

Disfruto con un buen café y una excelente conversación casi tanto como con la ingesta de elixir negro por doquier. La cerveza con amigos al borde del éxtasis y los bailes desenfadados al albor de la noche. Comer con las manos, los palillos (con dificultad) o el tenedor en cualquier lugar y con la mejor compañía. Probar nuevos sabores y brindar por un futuro mejor. 

Me contenta la primavera, los días largos y las noches rápidas. Prefiero frecuentar los bares 'de siempre' a experimentar. Me empieza a gustar lo de dejarse llevar e ilusionarme. Confirmo que me gusta vivir en Madrid, ser periodista, leer en el metro, escaparme cuando puedo. Echo de menos el mar y la playa de mi tierra en verano. La familia y los recuerdos. Pienso en viajes al norte en tren y un verano especial.

jueves, 28 de febrero de 2013

DEL 1º AL 3º

Dos vueltas de llave hacia la izquierda abren la puerta a nuevas historias, dos hacia la derecha dicen adiós a una etapa. Las paredes de las casas guardan cuenta de carnavales, confidencias, cenas, cervezas, cumpleaños, desayunos, lágrimas, llamadas, navidades, risas, tendales, viajes, zapatos. Una amiga me reveló que el único hogar de una persona es donde está la familia, y que el resto son meros puertos en los que refugiarse hasta llegar a tierra. Cierto es, y más viviendo en tiempos convulsos en los que uno tiene que convivir con el cambio y la incertidumbre y, que por ello, tiene que adaptarse y sobrevivir. Sin embargo, es inevitable coger cariño a las personas que comparten tus rutinas y a los seres inertes que habitan con ellas. Una nevera, un sillón, un mantel de fresas, un tocador. Todos ellos forman parte del día a día de los inquilinos. Su convivencia deriva en lecciones positivas, gracias a muchos errores y superaciones así como tolerancia a otros estilos de vida y maneras de pensar. Entonces, cuando a uno le toca hacer mudanza, recoge más que objetos, minutos. 

                                 Dedicado a una buena compañera de piso

martes, 5 de febrero de 2013

RULOS DE COLORES Y CEPILLOS REDONDOS

Dudo unos instantes pero, al fin, empujo la puerta y entro. Busco con la mirada a alguien que pueda atenderme. Le localizo e interrumpe su quehacer para dedicarme unos segundos. Tras mi pegunta, mira mi cabello, al tiempo que pulsa con los dedos las teclas del ordenador. Finalmente, pronuncia en alto el precio de su trabajo ante lo cuál exclamo: ¡De acuerdo!. Saludo a la muchacha allí presente y me siento a hojear una revista, distrayéndome aun no prestando especial atención a los 'artículos' allí recogidos. 

De repente, irrumpe en el pequeño rincón en el que me encuentro una mujer con la que entablo conversación durante unos instantes. Le dejo claro mis deseos, que escucha impasiva. Retrocede y consulta al chico, quien da su visto bueno al acuerdo alcanzado mediante la palabra. Me relajo, mientras tinta mi pelo con el fin de recuperar un tono alegre, y dedico esos minutos a disfrutar de las vistas del lugar: rulos de colores perfectamente alineados en el segundo cajón empezando por abajo o cepillos redondos dispersados por el primero. 

La muchacha que me acompaña en el sillón contiguo deja secar sus mechas e intenta intercambiar palabra alguna con la mujer que lleva el pincel, quien acaba con todo atisbo de conversación. El único sonido de la sala son la respiración de las presentes y los '40 principales' que repasan los principales 'hits' de la semana. Al acabar su tarea, me conduce hacía el lavabo y, de ahí, de nuevo al espejo y sillón. La destreza con la que el chico maneja las tijeras no tiene definición. 

Mientras, observo discretamente a través de la cristalera la calle y su gente. Me gusta mi barrio, me recuerda al de mi ciudad: el que cruzaba de arriba a bajo cuando era niña con la barra de pan sin currusco en una mano y la bolsa de 'snacks' en la otra. 

Tras ello, me levanto y acudo al perchero a recoger mi abrigo y pañuelo. Me cobra y doy las gracias al 'equipo' por el trabajo. Volveré. Disfruto de algunos rayos de sol que engañan al invierno e imagino otros sábados alejada de lavadoras y trapos de colores.