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martes, 14 de julio de 2015

USAR-TIRAR-USAR

Ultimamente asisto perpleja al desgaste prematuro de los bienes que hago míos. Deduzco, incluso, que de un tiempo para acá la fecha de caducidad de los productos que encestamos está a la par que la de su adquisición. Esta teoría se refuerza tras ver el documental 'Comprar, tirar, comprar. La historia secreta de la obsolescencia programada', coproducido por Televisión Española hace algunos años. En él se comprueba que el paso del tiempo no ha servido sino para dar pasos de gigante hacia atrás en vez que ir evolucionando como especie humana. 

Y es que la cinta recoje el caso de la bombilla centenaria que no se apaga ni aun con el devenir de los años o las medias de nylon diseñadas en sus inicios para que vistieran las piernas de las mujeres durante décadas, y cuyos fabricantes decidieron tras su inequívoco éxito que esta prenda fuera perdiendo progresivamente su resistencia con el fin de multiplicar las ventas. 

Otra cuestión que me llamó la atención son los diferentes roles que juegan los países situados en el eje norte y sur. Los primeros se encargan de producir y consumir a velocidades vertiginosas, mientras que los segundos acojen los productos que a los norteños les van quedando obsoletos. En esta línea, por ejemplo, el país africano de Ghana recoje, bajo el pretexto de reducir la 'brecha digital' entre los diferentes continentes, ordenadores que en pocas ocasiones pueden ser arreglados y utilizados. De este modo, los ghanéses ven cómo su país, poco a poco, se está convirtiendo en el vertedero de los paises más desarrollados.

Se trata tan solo de algunos ejemplos de cómo los objetos que adquirimos lejos de ir perfeccionando su calidad, diseño y utilidad van empeorando con el paso del tiempo con la finalidad de envolver a la persona en el círculo vicioso de comprar y tirar para luego volver a empezar de nuevo. A fin de cuentas, se trata de seguir alimentando la maquinaria capitalista y de no variar el 'status quo'. 

Así, en la sociedad de mercado en la que nos encontramos, el consumidor se deja arrastrar por la publicidad y moda; se siente atraído por la originalidad del producto, y sin mirar su calidad ni utilidad, decide comprar con visión cortoplacista. El balance es una pérdida económica, la adquisición de productos prescindibles, y el abanderamiento de una cultura consumista.

lunes, 7 de abril de 2014

20 AÑOS DESPUÉS (Recordando un verano de tesina)

Hace 20 años, el mundo dio la espalda a una de las mayores masacres de la historia reciente en la que fallecieron cerca de 800.000 personas, y que se recuerda especialmente todos los años en el Día Internacional de Reflexión sobre el Genocidio cometido en Ruanda, que tiene lugar el 7 de abril. La sucesión de errores cometidos fruto de la inacción internacional y que alimentaron la catástrofe no parecen haber sido aprendidos, tal y como se observa en estos momentos con la posición internacional ante el conflicto que envuelve a Siria. 

Ruanda es un país situado en la región de los Grandes Lagos, en el África Central.  Su historia reciente comienza con la Conferencia de Berlín (1885) en la que, tras dividir al continente africano y repartirlo entre los colonizadores europeos, quedó bajo el amparo de Alemania.

Después de la Primera Guerra Mundial, la Sociedad de Naciones acordó que estas colonias debían de ser tuteladas por naciones avanzadas. En el caso de Ruanda-Burundi, fue Bélgica la que prometió ocuparse de su administración, desarrollo, libre expresión y  libertad religiosa.

Desde antaño, los hutus tenían la creencia de que la etnia tutsi había invadido el país y les había sometido a su voluntad. Los administradores belgas ayudaron a reforzar este pensamiento, al hacer discriminaciones entre unos y otros, como designar a los hutus los trabajos más duros. Además, crearon un sistema de tarjetas de identificación de etnias en el que calificaban a tutsis y hutus, que fue utilizado, durante los tres meses en los que tuvo lugar las matanzas, por la milicia interahamwe para identificar a los tutsi y exterminarlos.

Por otro lado, antes de que comenzara la masacre, el Programa de Ajuste Estructural (PAE)  del Fondo  Monetario Internacional y del Banco Mundial otorgaron préstamos al Gobierno de Ruanda, que fueron destinados, a la compra de armas a países como Francia y Egipto.  En este sentido, Egipto firmó hasta ocho acuerdos armamentísticos con Ruanda desde 1990 hasta que comenzó el genocidio en 1994.

En paralelo, el Gobierno de Ruanda y el Frente Patriótico Ruandés estuvieron enfrentados en una guerra civil, que comenzó en 1990  y que finalizó  con el Acuerdo de Arusha, firmado en Tanzania en agosto de 1993.

POCOS MEDIOS

Por su parte, UNAMIR, la misión de Asistencia de Naciones Unidas para Ruanda, nació con el objetivo de garantizar que se cumpliera el Acuerdo de Paz de Arusha y cesaran las hostilidades entre el Frente Patriótico Ruandés y el Gobierno. Sin embargo, esta misión no recibió la misma atención que otras que estaba establecidas en regiones como Somalia y la Antigua Yugoslavia.  Su equipamiento era insuficiente y obsoleto y su personal no estaba lo suficientemente preparado para abordar los retos a los que se enfrentaba.

El 6 de abril de 1994, el  avión en el que viajaba el presidente ruandés Juvénal Habyarimana fue alcanzado por dos misiles tierra-aire cuando se aproximaba al aeropuerto de Kigali. La aeronave estalló y los pasajeros murieron en el siniestro. En la localidad de Kacyiru, al norte de Kigali, los residentes explicaban que, nada más conocerse la noticia, llegaron al lugar los interahamwe y comenzaron a matar a la vista de todos.

La situación poco a poco iba deteriorándose y los recursos con los que contaba la misión se agotaban. Algunos comandantes alertaron, hasta en siete ocasiones, de que la misión debía de ser reforzada si querían evitar una masacre, pero sus superiores hacían ‘oídos sordos’ a estas demandas. Por su parte, el secretario general de Naciones Unidas, Butros Ghali, se negaba a reforzar la misión o readaptar el mandato e incluso planteó la retirada de todos los efectivos de UNAMIR, al mismo tiempo que se aumentaban los efectivos de UNPROFOR, la fuerza de mantenimiento de paz en Croacia y Bosnia-Herzegovina.

En mayo, la situación estaba tan deteriorada en Ruanda que Francia planteó a Naciones Unidas el envío de 5.500 cascos azules. Finalmente, el Consejo de Seguridad aprobó la intervención francesa el 23 de junio mediante la resolución 929, que autorizaba un mandato conforme al Capitulo VII, es decir, permitía utilizar todos los medios necesarios, incluido el uso de la fuerza. Los franceses debían garantizar la seguridad de las zonas humanitarias y proteger a los desplazados, y a los trabajadores que prestaban ayuda. Esta misión, que, iba ser coordinada por el propio secretario general, tenía una duración  de 60 días.

La guerra civil que había mantenido el Gobierno y el Frente Patriótico Ruandés vio su fin el 18 de julio de 1994. Al día siguiente, se proclamó un nuevo Gobierno de unidad nacional, que incluía representantes de todos los partidos políticos. Sin embargo, la mayoría de ellos, 12 de los 18 ministros, seguían siendo hutus. Este Gobierno sería presidido por Pasteur Bizimungu y contaría con Paul Kagame como vicepresidente, que se convertiría en presidente en marzo de 2000 para seguir gobernando hasta la actualidad.

Naciones Unidas realizó con posterioridad un informe en el que determinaba que el secretario general podía haber hecho más de lo que hizo, puesto que contaba con las facultades necesarias para haber llamado más la atención de la comunidad internacional sobre lo qué estaba ocurriendo en Ruanda.

Asimismo,  Ghali reconoció que había fracasado a la hora de abordar la crisis que sufría Ruanda. Admitió que se había cometido un genocidio, una palabra que evitaron nombrar durante todo el tiempo a pesar de que, tal y como establece la Convención para la Prevención y Sanción del Genocidio en Ruanda, había “la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso”.

El Consejo de Seguridad creó, después, el Tribunal Penal Internacional Para Ruanda  en el que se juzgarían aquellos delitos cometidos entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 1994.

MICROCRÉDITOS

Después del genocidio, la comunidad internacional tomó parte en la reconstrucción del país, a través de la concesión de microcréditos. Estos créditos consistían en entregar una parte en especie, ya fuera animales y productos agrícolas, y otra en efectivo, con un tipo de interés cero.

Estos préstamos, que sirvieron para poner en marcha cultivos de arroz y maíz, ayudaron a mejorar su solvencia económica, a aumentar su tasa de alfabetización, y a fortalecer su tejido social. Personalmente, los ruandeses percibieron además que había aumentado su autoestima y su confianza, según revela un estudio  piloto de evaluación de impacto del programa de microcréditos de Cruz Roja Española en Ruanda.

Por último, la puesta en marcha de ‘Studio Ijambo’ en la región de los Grandes Lagos gracias a la ONG’ Search for Common Ground,’ también contribuyó a la reconstrucción de la sociedad ruandesa. Periodistas hutus y tutsis realizan programas que son difundidos en radios de la zona y en Internet y que persiguen la comprensión, el diálogo y la reconciliación entre sus habitantes.

jueves, 30 de mayo de 2013

BEBÉS LIBRES DE VIH

Mis prismáticos me permiten divisar a lo lejos una ciudad llena de colores otoñales, donde el amarillo del día se mezcla con el naranja para despedir a la tarde;  donde el color de las mandarinas se torna en oscuridad para bendecir a la noche, quien cede su reinado a un amanecer retardado, cuyo sol asciende entre montañas pausadamente, sin prisa alguna. Me encuentro en una  localidad cualquiera del país africano de Zimbabwe, en  Kariba, por ejemplo. Situada en el norte del territorio, emana luz y esperanza a sus habitantes, quienes siguen el curso de los días entre rituales de cotidianidad y danzas ancestrales.

Sus jornadas comienzan cuando el sol apenas se deja ver entre el cielo azulado, una tonalidad semejante a la del río que acompaña sus trayectos. En ese recorrido diario, está Mariam, una zimbabwense nacida hace 26 años cerca de la zona. Su metro 75 de altura y sus grandes ojos negros no llaman la atención del viandante, quien se encuentra absorto en sus quehaceres cotidianos. La joven se dirige al mercado con el fin de abastecer a su marido, padre, hermanas y tíos, quienes conviven con armonía en una humilde casa a unos tres  kilómetros del centro de la localidad. Cuando llega a la plaza sortea a las que como ella observan, palpan y sustraen las piezas frutales de sus cajas de madera con el fin de llevarse en su vuelta los mejores trofeos del lugar.

En su tarea, Mariam se encuentra con una amiga de la infancia, Cherima, de unos 24 años. Su vieja compañera lleva en su espalda a su retoño Isheanupa, quien vio la luz hace seis meses con la sombra del virus de inmunodeficiencia humana (VIH),  tras resultar infectado por transmisión vertical durante el embarazo de su madre.

Pese a que esta enfermedad es una auténtica pandemia en el África Subshariana y que el 85 por ciento de las embarazas infectadas con VIH son de esta zona del mundo, ONUSIDA estima que menos del seis por ciento de estas mujeres tuvieron acceso a servicios de diagnóstico y prevención de VIH en 2006, y que solo el nueve por ciento de las infectadas recibió un tratamiento antirretroviral para la prevención de la transmisión vertical.

Isheanupa está adormilado mientras su madre describe los detalles que conoce sobre la enfermedad que ella y su hijo portan a Mariam, cuyo semblante va cambiando a medida que absorbe la historia de su amiga.  Tras la despedida, retrocede al camino para emprender su regreso, al tiempo que se pregunta si ella también estará infectada y si podría transmitir la enfermedad a su futuro hijo durante el embarazo. Cuando llega a casa, su marido nota que algo no va bien, pero Mariam trata de ocultar su inquietud y seguir con sus tareas domésticas.

Al cabo de varias semanas, con sus consiguientes días y noches, plagadas de pesadillas y temores, unos médicos se acercan a la aldea con el fin de realizar a todas las mujeres embarazadas la prueba del VIH. Mariam conoce de su existencia y acude a los puestos en los que va a ser o no diagnosticada de la enfermedad.  Tras la realización de la prueba y conocer el veredicto, la zimbabwense no puede reprimir las lágrimas: está sentenciada y tiene miedo de que su futuro retoño también resulte salpicado por la infección.

Los facultativos tratan de apagar sus sollozos, explicándola que el tratamiento para la Prevención de la Transmisión de Madre a Hijo (PYMH, por sus siglas en inglés)  consigue que más del 95 por ciento de los bebés de mujeres con VIH/Sida no se contagien durante el embarazo, parto o la lactancia. Mariam asiente con la cabeza y accede a recibir los tratamientos antirretrovirales.

Muchos amaneceres y anocheceres después, nace un 22 de mayo en la misma localidad en la que vio la luz su madre, un bebé hermoso y sano llamado Tinotenda, cuyo significado en castellano sería el de ‘Gracias’. Su llanto de vida hace olvidar los miedos pasados de Mariam. Los miembros de su familia le dan la bienvenida ataviados con trajes guardados para la ocasión, al tiempo que preparan los mejores manjares. Tras la cena, beben, cantan y bailan al compás del movimiento rotatorio del sol para espantar a los fantasmas que provoca una de las enfermedades más temidas en el continente negro.

domingo, 22 de enero de 2012

UN RETRASO PELIGROSO

Esta semana, Intermón Oxfam señalaba con el dedo a la comunidad internacional por su tardía respuesta ante la grave crisis alimentaria que sufre el Cuerno de África, y que ha provocado  la muerte  de más de 50.000 personas --la mitad de ellas, niños--. La culpa, la tiene está vez, una lenta burocracia que quería actuar con todas las evidencias en la mano para no equivocarse. "El miedo a equivocarse ha hecho que las organizaciones de ayuda se resistieran a gastar dinero hasta estar seguras de que en efecto se estaba produciendo una crisis", reconoce la directora general de Intermón Oxfam, Ariane Arpa. Sin embargo, el hambre y la enfermedad no entienden de plazos ni sellos y se extienden como la pólvora en los países más pobres "ante la falta de una respuesta rápida y decisiva". Todas estas denuncias han quedado recogidas en el informe 'Un retraso peligroso' de las ONGs Intermón Oxfam y Save The Children, quienes instan a los gobiernos a que revisen sus modelos de respuesta ante las crisis alimentarias, a que tomen "medidas urgentes y eficaces", y a que profundicen sobre las causas del hambre extrema.  Así, la pelota está ahora en el tejado de los donantes internacionales que tienen que reformular sus mecanismos ante situaciones extremas, que requieren de medidas rápidas y efectivas para evitar desastres humanitarios. "No podemos seguir permitiendo que continúe (...) esta situación en la que el mundo  sabe que se avecina un emergencia pero decide ignorarla hasta que aparezcan las imágenes de niños gravemente desnutridos en las pantallas de televisión", denuncia, por su parte, el director de Campañas y Estudios de Intermón Oxfam, Jaime Atienza. Cerca de 13 millones de personas padecen en estos momentos la crisis alimentaria que asola al Cuerno de África, tras las sequías que sufre la región,  y que han disparado los precios de los alimentos.

jueves, 1 de diciembre de 2011

AL BAILAR SE ESPANTAN LOS FANTASMAS

Hace treinta años, el mundo conoció la existencia de una enfermedad que se ha convertido en una auténtica pandemia, especialmente en los países africanos.  Se trata del virus de inmunodeficiencia humano (VIH), causante del Sida, que afecta a 34 millones de personas en el mundo, y que es recordado durante este primer día del mes de diciembre con un lazo rojo. Este año, esta jornada, tiene un sabor agridulce puesto que la semana pasada, el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria  anunció la cancelación de la ronda de financiación por el espaldarazo de los países donantes, entre los que se encuentra España. Esta decisión supone una mala noticia para el mundo, en general, y para los países en desarrollo, en particular, que veían como, poco a poco, descendía la incidencia de esta enfermedad en la población gracias a las campañas de prevención realizadas con este apoyo económico. Así, el sur de África, que es una de las regiones más afectadas por el VIH, será de las más castigadas por el recorte de las ayudas. El continente africano, en su conjunto, lucha no solo contra esta enfermedad sino contra el estigma que ésta produce entre sus gentes. De esta manera, este jueves, Médicos Sin Fronteras (MSF) ha presentado un proyecto musical en el que han participado coros de Zimbabue, formados por pacientes de VIH. 'Positive Generation' refleja el día a día de los pacientes de VIH en África, que tienen acceso al tratamiento y que hacen su vida con total normalidad. El objetivo de la organización es que la población plante cara a la enfermedad y luche por superarse.  La música es el vehículo de comunicación elegido para trasmitir este mensaje positivo que, a buen seguro, los africanos recibirán y aplicarán.

lunes, 19 de septiembre de 2011

RWANDA

Acabo de volver de este país africano. Elegí hace nueve meses destino, sin concretar que iba a conocer de este territorio. Tres meses después, deliberé que me adentraría en su historia reciente. Más bien en un capítulo de ésta. En unas páginas ensangrentadas. En un genocio al que el mundo dio la espalda. No solo eso. En un genocidio que contó con la complicidad de Occidente. Pero las heridas del pasado no hay que abrirlas. Ahora Ruanda se recupera a marchas forzadas. Hay quienes la consideran incluso como un modelo de país africano. Al igual que existen personas que te tienden la mano mientras tratas de levantarte, los microcréditos han ayudado a sus gentes a salir por su propio pie del infierno que vivieron.La voluntad que tienen los hutus y los tutsis por fumar la pipa de la paz también es ilimitada. La prueba es Studio Ijambo. Convivencia a través de las ondas. Mensajes de paz en el aire. No he deshecho aún las maletas pero ya sé que volveré.

miércoles, 24 de agosto de 2011

LOS OJOS DE LA GUERRA

'Los ojos de la guerra' es el título de un libro en el que se rinde homenaje a uno de los muchos testigos de conflictos armados, que poco o nada interesan al ciudadano de a pie. Este documento, que desempolvaré durante los próximos días, ha caído en mis manos fruto del azar durante un curso que he realizado la semana pasada, y que me ha reinyectado la ilusión por el auténtico periodismo, aquel que denuncia las injusticias sociales y que desenmascara los poderes e intereses que tienen los diferentes actores mundiales.

Las verdaderas causas de los conflictos actuales y las historias que transcurren de fondo son desconocidas para la mayoría de las personas. Historias como la de Sofía, que camina sin prisa pero sin pausa por los parajes mozambiqueños gracias a sus piernas ortopédicas. A pesar de que una mina antipersona se interpuso en su camino cuando era casi una niña, la fuerza y las ansias de superación de esta africana han quedado reflejadas en varias instantáneas del periodista Gervasio Sánchez, que forman parte ya de su obra 'Vidas minadas'. 

De esta manera, la fotografía, al igual que la literatura, puede ser un buen soporte en el queden plasmados los horrores que dejan las guerras en las que "el hombre sigue siendo un lobo para el hombre" y el antes y el después de las víctimas de estos juegos maléficos que tienen como objetivo el cambio de poder. Dice Sánchez que "la guerra no se puede contar"; es cierto, al igual que otras experiencias hay que vivirlas para comprenderlas pero sí que se puede aproximar al ciudadano a esas realidades tan lejanas y desconocidas para que conozca lo hostil que puede llegar a ser el ser humano con su semejante. 

Una manera fría y autómata de actuar como la de los niños soldado que, después de presenciar la muerte de sus seres más queridos, a los cuales, incluso, tienen que sacrificar en ocasiones ellos mismos para poder mantenerse con vida, aprietan el gatillo sin miramientos y acaban con la vida de muchos compatriotas sin tan siquiera saber por qué. La reinserción de estos menores en la sociedad sierra leonesa es posible gracias a la dedicación y al sacrificio del misionero Chema Cabal,  cuyo trabajo inspira a otras personas a hacer lo mismo en otras partes del mundo y puede conocerse también en otro de los libros del fotoperiodista. Entre granadas, camillas, emboscadas y heridos se esconden muchos 'testigos del olvido' de conflictos armados. Su labor es aplaudida y reconocida por muchas personas anónimas como esta servidora.