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miércoles, 24 de abril de 2013

RECOVECOS

Me he dado cuenta de que me fascinan las casas antiguas y los pasillos largos. También de que me enrabia que la madera de los armarios y el suelo cruja, y que las puertas viejas no cierren del todo bien. Me sorprende que la gente diferente se entienda, y que la compatible se distancie. Me encanta dormir del tirón, ser anfitriona, soñar despierta. 

Creo en las casualidades y el destino. Prefiero que la vida sea apasionada y sorprendente, y que los días se diferencien entre sí: qué llueva un día sin parar y me entristezca, y qué a la mañana siguiente salga el sol con fuerza y vuelva a sonreír. Adoro la complicidad, naturalidad, las sonrisas espontáneas y los detalles sin contraprestación.

Disfruto con un buen café y una excelente conversación casi tanto como con la ingesta de elixir negro por doquier. La cerveza con amigos al borde del éxtasis y los bailes desenfadados al albor de la noche. Comer con las manos, los palillos (con dificultad) o el tenedor en cualquier lugar y con la mejor compañía. Probar nuevos sabores y brindar por un futuro mejor. 

Me contenta la primavera, los días largos y las noches rápidas. Prefiero frecuentar los bares 'de siempre' a experimentar. Me empieza a gustar lo de dejarse llevar e ilusionarme. Confirmo que me gusta vivir en Madrid, ser periodista, leer en el metro, escaparme cuando puedo. Echo de menos el mar y la playa de mi tierra en verano. La familia y los recuerdos. Pienso en viajes al norte en tren y un verano especial.

jueves, 28 de febrero de 2013

DEL 1º AL 3º

Dos vueltas de llave hacia la izquierda abren la puerta a nuevas historias, dos hacia la derecha dicen adiós a una etapa. Las paredes de las casas guardan cuenta de carnavales, confidencias, cenas, cervezas, cumpleaños, desayunos, lágrimas, llamadas, navidades, risas, tendales, viajes, zapatos. Una amiga me reveló que el único hogar de una persona es donde está la familia, y que el resto son meros puertos en los que refugiarse hasta llegar a tierra. Cierto es, y más viviendo en tiempos convulsos en los que uno tiene que convivir con el cambio y la incertidumbre y, que por ello, tiene que adaptarse y sobrevivir. Sin embargo, es inevitable coger cariño a las personas que comparten tus rutinas y a los seres inertes que habitan con ellas. Una nevera, un sillón, un mantel de fresas, un tocador. Todos ellos forman parte del día a día de los inquilinos. Su convivencia deriva en lecciones positivas, gracias a muchos errores y superaciones así como tolerancia a otros estilos de vida y maneras de pensar. Entonces, cuando a uno le toca hacer mudanza, recoge más que objetos, minutos. 

                                 Dedicado a una buena compañera de piso