Este año también ha sido intenso en lecturas (seguro que me dejo alguna):
- 'Cuentos africanos' (Mamaru Bngone y Olga Roig): 7
- 'Heroica tierra cruel' (John Carlín): 8
- 'La Santa' (Mado Martínez): 7
- 'On the road' (En el camino) (Jack Kerouac): 6,5
- 'El orgasmo de mi vida' (Silvia C.Carpallo): 6
- 'La hojarasca' (Gabriel García Márquez): 7
- 'Poeta en Nueva York' (Federico García Lorca): 6
- 'En los zapatos de Valeria' (Elisabet Benavent): 7,5
- 'Grandes pasiones de la historia' (VV.AA): 7
- 'El conflicto de Chechenia' (Carlos Taibo): 8
- 'La conjura de los necios' (John Kennedy Toole ): 7
- 'Viaje de un desmemoriado' (Benito Pérez Galdós): 8
- 'Con ánimo de ofender' (Arturo Pérez Reverte): 9
- 'Maneras de ser periodista' (Julio Camba): 8
- 'La rana viajera' (Julio Camba): 7,5
- 'El pabellón número 6 y otros cuentos' (Antón Chejov): 7
- 'Estambul' (Orhan Pamuk): 6
- 'Cartas a un buscador de sí mismo' (Henry David Thoreau): 6,5
- 'La ciudad y los perros' (Mario Vargas Llosa): 6
- En trámite: 'La montaña mágica' (Thomas Mann)
¡Qué caigan muchos libros en 2015!
miércoles, 24 de diciembre de 2014
domingo, 16 de noviembre de 2014
HAN LLOVIDO 15 AÑOS
La música es, en ocasiones, la mejor
compañera en el viaje de la vida. Con ella, se celebran los momentos
en los que, para bien o para mal, la respiración se corta o los ojos
brillan de manera especial. En esa gama cromática musical, existen
tonalidades que destacan más que otras. No se buscan, se encuentran.
Por casualidades de la vida, una tarde de domingo, previa a una
vuelta a la carretera, cafetería, y a las aulas en las que tomaba
contacto con el mundo del Periodismo, descubrí una película
española, protagonizada por veinteañeros que buscaban su suerte en
las calles de Madrid. La historia, dura y realista como la vida
misma, lo reconozco, me fascinó. De los 106 minutos que la cinta robó mi
tiempo de ocio, hubo unos pocos que, yo sin saberlo por aquel
entonces, iban a configurar la principal banda sonora de mi
existencia.
“He muerto y he resucitado” y los
acordes que previamente marcaban la voz rota de Enrique Urquijo
cautivaron mi atención desde el primer momento, a lo cual siguió
una meticulosa investigación para conocer el paradero del autor de 'Pero a tu lado'. Desde entonces, he perdido la cuenta de las
veces que he podido escuchar esa canción, la cual sugiero que me pongan
en cualquier momento y lugar, sin llegar a perder la ilusión por
escucharla de nuevo. Y es que, por muy difíciles que sean las
circunstancias, esta sintonía, la cual dicen que es de las pocas en
las que Urquijo destapa la cara positiva de la vida, me dibuja un
horizonte amplio y lleno de posibilidades. Y más, cuando la escucho
a través de los auriculares deambulando por el metro o las calles de
Madrid.
Su repertorio musical tanto de él con
'Los Secretos' u otros grupos musicales han sido mis cintas de
cabecera. Las veces en las que he podido disfrutar 'in situ' de sus
poemas musicales, a través de la voz de su hermano Álvaro, han
salido ya de cuenta. Y las que quedan. La suerte del destino hizo
que supiera de su existencia cinco años más tarde de esa fatídica noche en la que escribió la letra más amarga de su
recopilatorio en un portal madrileño, anclado en el entresijo de
calles que configuran el barrio de Malasaña y que, desde entonces,
se ha convertido en templo de culto para sus seguidores.
Aquellos que tuvieron la suerte de
tratarle decían que era un ser humano excepcional, de esos que tan
poco abundan, tanto hacen falta, y tanto me gustan a mi. Tímido y
sencillo fue capaz de hacer que la tristeza y el desengaño amoroso,
entre otras cuestiones, tuviesen un espacio destacado en el panorama
musical de los 80/90. Y es que, “la nostalgia y la tristeza suelen
coincidir”, tal y como explicaba en una de sus canciones. Una
filosofía que defendía a ultranza en sus intervenciones públicas,
alegando que “las canciones tristes son las más profundas”.
Quizás sea esa la principal razón de que “han llovido 15 años", y su
legado siga siendo recordado en los bares, medios de comunicación, y en los hogares de muchas personas.
miércoles, 13 de agosto de 2014
INMIGRACIÓN
Son tantas las cuestiones que quiero morder en una sola
entrada que no sé por donde comenzar. Me centraré en tres, que iré distribuyendo en varias: el drama de la
inmigración con los continuos saltos de la valla de Melilla por parte de
personas que buscan un futuro mejor; el conflicto en Gaza (Palestina), que se
ha cobrado la vida de un millar de seres inocentes, y de la epidemia de Ébola
que azota en estos momentos a varios países africanos.
Quería comerme 2014 a bocados y, nada mejor para ello, que
viajar hacia un lugar periodísticamente interesante, hablar con los lugareños,
escribir sus historias, y, en el mejor de los casos, venderlas al mejor postor.
Necesitaba para esta aventura un cómplice: otra alma soñadora como la mía. Tras
varias vueltas a la esfera terrestre sin despegar los pies del suelo se pensó
en un punto caliente en esos y estos momentos: Melilla. Allí se encuentra una
construcción del hombre con el objetivo de dividir mundos y establecer
distancias. No contentos con esa separación artificial, la conocida valla está conformada por concertinas que tratan de amedrentar a los valientes que tratan
de cruzar al que se supone que es un lugar mejor para vivir. Algunos osados
caen presas de sus garras y, lastimados, expulsan su dolor, a veces no tanto
físico sino procedente de sus almas por recorrer miles de kilómetros y
encontrarse a su llegada con la bienvenida más malvada que un ser humano puede
encontrar.
Precisamente, entre las pocas lecciones que aprendí cuando
estudiaba Periodismo, se encuentra la de cómo
se trata en los medios de comunicación la cuestión de la inmigración. Recuerdo
aún que el profesor nos dio varios periódicos y nos hizo subrayar todas las
expresiones 'políticamente incorrectas'
que hacían referencia a la llegada de personas de terceros países al nuestro.
Esa enseñanza se me quedó grabada a fuego y, por eso, nunca escribo, ni en un
titular, la expresión 'sin papeles', aun teniendo que sustituirla por otra más
larga y rebuscada.
El drama de Melilla o el de la inmigración en general se
plasmó este año en la foto ganadora del 'World Press Photo'. Una instantánea
poco común a las ya premiadas que, en su composición, se retrata a varios
inmigrantes utilizando la luz de su móvil en una noche oscura como su futuro
que trata de alumbrar su camino. Los expertos comentan que la imagen dignifica
su travesía hacía lo que supone que es un mundo mejor, al tiempo que pone en
valor el uso de las nuevas tecnologías.
Finalmente, tras varios intentos fallidos de contactar con varias
organizaciones no gubernamentales que trabajan en la zona, se decidió abortar la
misión, no sin cierto mal sabor de boca por no haber podido pisar la zona para
denunciar el drama.
EL RETORNO
Mucha gente se establece propósitos con el comienzo del
año; sin embargo, a mí, personalmente, me gusta fijarlos antes de que llegue
septiembre. Será, quizás, una reminiscencia de cuando era pequeña y renovaba
libros y vestuario con la aparición del nuevo curso escolar. Ahora, en
vacaciones, momento en el que mi cabeza intenta desconectar de la rutina,
empiezo a reflexionar sobre el punto en el que me encuentro en muchos planos de
mi vida y sobre cuál es el horizonte al que quiero llegar. No es fácil, se necesitan incontables horas, días y meses. Este oasis en el que me hallo me puede ayudar a dilucidar muchas
cuestiones que me han perturbado durante los últimos tiempos y que, a día de
hoy, aún entorpecen mi día a día. Hace tres años cuando abrí este blog, después
de cinco clases de buen periodismo con el mejor de los maestros, me prometí
actualizarlo asiduamente. No tanto con el objetivo de que la gente conociese
mis impresiones sobre el mundo actual sino para desahogarme también sobre
otras cuestiones más personales. Sigo creyendo que la escritura, junto con otras disciplinas, es la mejor de las terapias,
especialmente para personas como yo que no dejan de cuestionar continuamente
todo aquello que les rodea. No voy a
prometer nada que no vaya a cumplir, solo digo que lo volveré a intentar.
lunes, 7 de abril de 2014
20 AÑOS DESPUÉS (Recordando un verano de tesina)
Hace 20 años, el mundo dio la espalda a una
de las mayores masacres de la historia reciente en la que fallecieron cerca de 800.000
personas, y que se recuerda especialmente todos los años en el Día
Internacional de Reflexión sobre el Genocidio cometido en Ruanda, que tiene
lugar el 7 de abril. La sucesión de errores cometidos fruto de la inacción
internacional y que alimentaron la catástrofe no parecen haber sido aprendidos,
tal y como se observa en estos momentos con la posición internacional ante el conflicto
que envuelve a Siria.
Ruanda es un país situado en la región de los Grandes
Lagos, en el África Central. Su historia
reciente comienza con la Conferencia de Berlín (1885) en la que, tras dividir
al continente africano y repartirlo entre los colonizadores europeos, quedó
bajo el amparo de Alemania.
Después de la Primera Guerra Mundial, la Sociedad de
Naciones acordó que estas colonias debían de ser tuteladas por naciones
avanzadas. En el caso de Ruanda-Burundi, fue Bélgica la que prometió ocuparse
de su administración, desarrollo, libre expresión y libertad religiosa.
Desde antaño, los hutus tenían la creencia de que la etnia tutsi había invadido el país y
les había sometido a su voluntad. Los administradores belgas ayudaron a
reforzar este pensamiento, al hacer discriminaciones entre unos y otros, como
designar a los hutus los trabajos más duros. Además, crearon un sistema de
tarjetas de identificación de etnias en el que calificaban a tutsis y hutus, que
fue utilizado, durante los tres meses en los que tuvo lugar las matanzas, por
la milicia interahamwe para identificar a los tutsi y exterminarlos.
Por otro
lado, antes de que comenzara la masacre, el Programa de Ajuste Estructural
(PAE) del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial
otorgaron préstamos al Gobierno de Ruanda, que fueron destinados, a la compra
de armas a países como Francia y Egipto. En este sentido, Egipto firmó hasta ocho
acuerdos armamentísticos con Ruanda desde 1990 hasta que comenzó el genocidio
en 1994.
En paralelo,
el Gobierno de Ruanda y el Frente Patriótico Ruandés estuvieron enfrentados en una
guerra civil, que comenzó en 1990 y que
finalizó con el Acuerdo de Arusha,
firmado en Tanzania en agosto de 1993.
POCOS MEDIOS
Por su parte,
UNAMIR, la misión de Asistencia de Naciones Unidas para Ruanda, nació con el
objetivo de garantizar que se cumpliera el Acuerdo de Paz de Arusha y cesaran
las hostilidades entre el Frente Patriótico Ruandés y el Gobierno. Sin embargo,
esta misión no recibió la misma atención que otras que estaba establecidas en regiones
como Somalia y la Antigua Yugoslavia. Su
equipamiento era insuficiente y obsoleto y su personal no estaba lo
suficientemente preparado para abordar los retos a los que se enfrentaba.
El 6 de abril de 1994, el avión en el que viajaba el presidente ruandés Juvénal Habyarimana fue alcanzado por dos misiles tierra-aire cuando se aproximaba al aeropuerto de Kigali. La aeronave estalló y los pasajeros murieron en el siniestro. En la localidad de Kacyiru, al norte de Kigali, los residentes explicaban que, nada más conocerse la noticia, llegaron al lugar los interahamwe y comenzaron a matar a la vista de todos.
La situación
poco a poco iba deteriorándose y los recursos con los que contaba la misión se
agotaban. Algunos comandantes alertaron, hasta en siete ocasiones, de que la
misión debía de ser reforzada si querían evitar una masacre, pero sus
superiores hacían ‘oídos sordos’ a estas demandas. Por su parte, el secretario
general de Naciones Unidas, Butros Ghali, se negaba a reforzar la misión o
readaptar el mandato e incluso planteó la retirada de todos los efectivos de
UNAMIR, al mismo tiempo que se aumentaban los efectivos de UNPROFOR, la fuerza
de mantenimiento de paz en Croacia y Bosnia-Herzegovina.
En mayo, la situación estaba tan deteriorada
en Ruanda que Francia planteó a Naciones Unidas el envío de 5.500 cascos
azules. Finalmente, el Consejo de Seguridad aprobó la intervención francesa el
23 de junio mediante la resolución 929, que autorizaba un mandato conforme al
Capitulo VII, es decir, permitía utilizar todos los medios necesarios, incluido
el uso de la fuerza. Los franceses debían garantizar la seguridad de las zonas
humanitarias y proteger a los desplazados, y a los trabajadores que prestaban ayuda.
Esta misión, que, iba ser coordinada por el propio secretario general, tenía
una duración de 60 días.
La guerra
civil que había mantenido el Gobierno y el Frente Patriótico Ruandés vio su fin
el 18 de julio de 1994. Al día siguiente, se proclamó un nuevo Gobierno de unidad nacional, que incluía
representantes de todos los partidos políticos. Sin embargo, la mayoría de
ellos, 12 de los 18 ministros, seguían siendo hutus. Este Gobierno sería
presidido por Pasteur Bizimungu y contaría con Paul Kagame como vicepresidente,
que se convertiría en presidente en marzo de 2000 para seguir gobernando hasta
la actualidad.
Naciones
Unidas realizó con posterioridad un informe en el que determinaba que el
secretario general podía haber hecho más de lo que hizo, puesto que contaba con
las facultades necesarias para haber llamado más la atención de la comunidad
internacional sobre lo qué estaba ocurriendo en Ruanda.
Asimismo, Ghali reconoció que había fracasado a la hora
de abordar la crisis que sufría Ruanda. Admitió que se había cometido un
genocidio, una palabra que evitaron nombrar durante todo el tiempo a pesar de
que, tal y como establece la Convención para la Prevención y Sanción del
Genocidio en Ruanda, había “la intención de destruir, total o parcialmente, a
un grupo nacional, étnico, racial o religioso”.
El Consejo de
Seguridad creó, después, el Tribunal
Penal Internacional Para Ruanda en el
que se juzgarían aquellos delitos cometidos entre el 1 de enero y el 31 de
diciembre de 1994.
MICROCRÉDITOS
Después del
genocidio, la comunidad internacional tomó parte en la reconstrucción del país,
a través de la concesión de microcréditos. Estos créditos consistían en
entregar una parte en especie, ya fuera animales y productos agrícolas, y otra
en efectivo, con un tipo de interés cero.
Estos
préstamos, que sirvieron para poner en marcha cultivos de arroz y maíz,
ayudaron a mejorar su solvencia económica, a aumentar su tasa de
alfabetización, y a fortalecer su tejido social. Personalmente, los ruandeses percibieron
además que había aumentado su autoestima y su confianza, según revela un
estudio piloto de evaluación de impacto
del programa de microcréditos de Cruz Roja Española en Ruanda.
Por último,
la puesta en marcha de ‘Studio Ijambo’ en la región de los Grandes Lagos
gracias a la ONG’ Search for Common Ground,’ también contribuyó a la
reconstrucción de la sociedad ruandesa. Periodistas hutus y tutsis realizan
programas que son difundidos en radios de la zona y en Internet y que persiguen
la comprensión, el diálogo y la reconciliación entre sus habitantes.
sábado, 28 de diciembre de 2013
BALANCE LIBROS 2013
- Las venas abiertas de América Latina, Eduardo Galeano (8,5)
- Libertad, Jonathan Franzen (8)
- Ensayo sobre la ceguera, José Saramago (9,5)
- Un año en el otro mundo, Julio Camba (7,5)
- La vida a veces, Carlos del Amor (6,5)
- Asesinato en el Orient Express, Agatha Christie (7,5)
- Diez negritos, Agatha Christie (7,5)
- Tokio Blues, Haruki Murakami (7,5)
- Irlanda, Espido Freire (7)
- Come, reza,ama, Elizabeth Gilbert (7)
- La vuelta al mundo en ochenta días, Julio Verne (8,5)
- Platero y yo, Juan Ramón Jiménez (8,5)
- Tu corazón no está bien de la cabeza, Lucía Etxebarria (7)
- Siria, más allá de Bab al Salam (8)
- El tiempo entre costuras, María Dueñas (7,5)
- Virginia o el interior del mundo, Álvaro Pombo (8)
- En trámite: La sombra del ciprés es alargada, Miguel Delibes
¡Felices lecturas para 2014!
domingo, 22 de septiembre de 2013
HASTA NUEVA ORDEN
Últimamente aparco libros con demasiada facilidad. Creo que se ha impregnado en mi el modo de vivir tan rápido de Madrid, que lo extrapolo a las obras. Si al pasar varias páginas no me ha atrapado su lectura y lo único que hago es tragar letras sin digerirlas, lo siento en el banquillo hasta nueva orden. No hago lo mismo, en cambio, con aquellos cuya prosa fluye en mi al igual que lo hace la sangre por las venas. La lectura y escritura es, para mi, una de las mejores terapias que permiten escapar durante varios instantes de las dificultades que conlleva la existencia. En esos momentos, cuando hierven las obsesiones y los delirios, cuando las emociones afloran y hacen brotar en mi reacciones desconocidas, un buen libro me traslada lejos del habitáculo en el que me hallo y me mete en la piel de personajes variopintos con los que viajo de norte a sur y de este a oeste. Y, en noches de insomnio, que afortunadamente son las menos, me ayudan a conciliar el sueño más rápidamente si cabe. La lectura tiene así el poder de evasión y, por ende, de relajación. Algo que, en el momento actual, es un estadio que se cotiza a la alza.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)